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RECONOCIMIENTOS

Aurora Egido recibe la Medalla de Oro de Castilla La Mancha

La catedrática de la Universidad de Zaragoza ha recibido la Medalla de Oro por su contribución al conocimiento de la literatura española

La Medalla de Oro es la máxima distinción que concede el Gobierno de Castilla-La Mancha para «rendir homenaje y premiar de manera singular a personas, entidades y empresas que han destacado en la promoción de la región a través de su trayectoria profesional y vital» y ha sido entregado por el presidente Emiliano García-Page coincidiendo con la celebración del día de la comunidad.

En sus palabras de agradecimiento, Aurora Egido ha citado a fray Luis de León: «La palabra camino fue la metáfora básica en la obra de fray Luis de León, un hombre de origen judeoconverso, nacido en Belmonte (Cuenca), villa desde la que salió para emprender la escondida senda de la sabiduría», ha señalado la académica en su discurso.

«Su dedicación a las humanidades y a la poesía se nos presenta como un ejemplo de dignidad moral y de estilo, sobre todo para quienes se dedican a la creación literaria, a la enseñanza y a la investigación. A todos ellos desearía dedicar esta inmerecida medalla que se me otorga», ha añadido Aurora Egido.

A juicio de la académica y catedrática emérita de nuestra universidad, «la poesía y la prosa de fray Luis nos muestran sobre todo cuanto conviene a la hora de usar las palabras». «Es a ese patrimonio de la lengua española al que desearía apelar hoy, entendiendo que esta junta lo ha tenido, tiene y tendrá siempre como norte entre sus objetivos».

Aurora Egido ha recordado que esta medalla de oro fue concedida anteriormente a los académicos Tomás Navarro Tomás, Antonio Buero Vallejo y Francisco Nieva, «tres figuras señeras de la Real Academia Española, que también la recibió con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha».

La galardonada ha mencionado también el IV centenario de Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), «obra ambiciosísima y precursora del realismo mágico, que Cervantes terminó pocos días antes de morir». En ella «narró los avatares de una larga peregrinación desde tierras septentrionales a Roma, pasando por una península ibérica en la que Toledo se situaba en la mitad de España, centro del mundo. Su perspectiva universalista tenía mucho que ver con la expansión de un idioma que se extendía ya por la faz de la tierra, en contacto con otras lenguas y dialogando con ellas».

«Esa lección de equilibrio y convivencia la aplicó también Cervantes a otros muchos aspectos de la vida, mostrando la dignidad del hombre cualquiera que fuese su origen, su condición o su raza. Pero el Persiles nos presentó también un novedoso museo de lo porvenir, donde, al igual que en el segundo cuartel de la bandera de Castilla-La Mancha, los cuadros estaban en blanco a la espera de quienes lograsen permanecer en el tiempo por la calidad de sus obras», ha dicho Aurora Egido.

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