Cerámica de época ibérica
Los materiales cerámicos, para la época ibérica, son los habituales en asentamientos de esta etapa, cerámica ibérica lisa y decorada, similar en formas y motivos ornamentales a los que aparecen en yacimientos del Bajo Aragón como el Cabezo de Alcalá (Azaila, Teruel), el Cabezo de La Guardia (Alcorisa, Teruel), el Palao (Alcañiz, Teruel), entre otros. Las formas más abundantes son el pithos, el pithiskos y el kalathos decorados con diversos motivos, la mayoría de ellos geométricos, sencillos y complejos, y vegetales simples, a base de bandas y filetes paralelos, semicírculos concéntricos, triángulos, trazos ondulados, dientes de lobo en las alas de los kalathoi, preferentemente. Además se han encontrado cerámico de barniz negro helenístico, cerámica de paredes finas, ánforas, pondera de alabastro, abundantes fichas, algunos fragmentos de sigillata itálica e hispánica en superficie, y sólo en la zona cercana a la torre de vigilancia, hecho que confirma su utilización durante época posteriores a la destrucción de la ciudad ibérica, teniendo en cuenta además que en las proximidades, en el llano, existen restos de un asentamiento de época imperial, Los Graneretes.

En el contexto es donde se ha producido uno de los hallazgos más destacables, una figurita de cerámica, que constituye un ejemplo singular de coroplastia de época ibérica en el Valle Medio  del Ebro, tanto por sus características formales como por la técnica de fabricación, materia prima y ausencia de pintura, rasgos habituales en la mayoría de los ejemplares constatados hasta el momento en esta área peninsular, siendo hasta, el único realizado en la provincia de Zaragoza y el más próximo a la frontera con la Celtiberia. Se trata de una esculturita incompleta, posiblemente femenina, de bulto redondo, de 7 cm de altura, realizada en pasta cerámica que en la parte inferior presenta un umbo incompleto por la  fractura de la estatuilla, que puede interpretarse como una concavidad para que la figurita se sostuviese en algún soporte. Por lo que queda de ella deducimos que miraba al frente en actitud oferente. El acabado de la superficie es bruñido, aunque hay zonas como la parte posterior izquierda y el pecho, en las que éste se ha perdido.

Es una producción maciza, modelada a mano, con pasta de textura porosa con abundante desgrasante de origen micáceo, de superficie bruñida, con cocción reductora, aunque también podría haberse cocido en ambiente oxidante y la tonalidad oscura sería producto del contacto con el fuego. Viste una túnica talar, prendida a la cintura mediante un cinturón con hebilla cuadrangular. De acuerdo con la cronología de los materiales aparecidos en estratigrafía en la "Casa I" y sus características formales, se fecha entre principios del siglo II a.C. y mediados de la centuaria siguiente, por lo que pertenece a la última etapa de desarrollo de las terracotas ibéricas, sincrónica a la romanización, con localización en el noreste peninsular, caracterizada por el esquematismo de las figuras, y procedencia del entorno doméstico sagrado, pudiendo relacionarse con cultos poliadicos y ceremonias religiosas de carácter doméstico desarrolladas durante las últimas fases del mundo ibérico en las que los exvotos de esta características están presentes.